"We’re Always Watching": Everyone Hates Elon interviene la campaña de Meta Glasses en Londres y enciende el debate sobre vigilancia masiva

El colectivo activista británico transformó un anuncio de gafas inteligentes con Kylie Jenner en una advertencia sobre vigilancia masiva y consentimiento digital.

Una calavera donde antes había una sonrisa

En una parada de autobús cerca de la sede de Meta en Londres, miles de personas se cruzan a diario con lo que parece un anuncio publicitario más: Kylie Jenner, sonriente, luciendo un par de Meta Glasses. Pero basta un cambio de ángulo para que la imagen mute: el rostro glamoroso se transforma en una radiografía en blanco y negro, una calavera. Debajo, un eslogan reemplaza el mensaje original: "We’re Always Watching" ("Siempre estamos observando").

La pieza, obra del colectivo Everyone Hates Elon (EHE) y reportada por medios como Hyperallergic y HuffPost UK, se volvió viral en horas. Videos del efecto circularon por TikTok, Instagram y X, reabriendo un debate que ya hervía a fuego lento: ¿qué tan preparados estamos para convivir con cámaras discretas en el rostro ajeno?

¿Quién es Everyone Hates Elon?

Fundado a comienzos de 2025 por un grupo de amigos en Londres, Everyone Hates Elon es un colectivo anónimo especializado en guerrilla marketing y subvertising: la técnica de intervenir o parodiar publicidad corporativa para exponer sus contradicciones. Su primer golpe mediático fueron los carteles "Swasticar" contra Elon Musk y Tesla, con más de diez millones de reproducciones en TikTok. Desde entonces proyectó mensajes de boicot sobre el penthouse de Jeff Bezos durante la Met Gala, colgó una foto del arresto del príncipe Andrés en el Louvre y desplegó una pancarta con Trump y Epstein frente al castillo de Windsor. Sus integrantes permanecen anónimos: alegan que Musk suele demandar a sus críticos.

La intervención: una parada de autobús, un truco óptico y un mensaje

La pieza usa impresión lenticular, la misma tecnología de las postales que "cambian" según el ángulo: sin realidad aumentada ni pantallas, solo plástico impreso con precisión milimétrica. El momento no fue casual. Meta había lanzado, el 23 de junio, su primera línea de gafas con marca propia —dejando atrás el nombre Ray-Ban—, la Meta Starfire Kylie Edition: 399 dólares, cámara de 12 megapíxeles y un asistente de IA con la voz de Jenner. El lanzamiento ya arrastraba críticas cuando EHE instaló su pieza a metros de la sede de la compañía y la presentó en Instagram, cuestionando un dispositivo que graba todo lo que ve su usuario, todo el tiempo.

Por qué las Meta Glasses preocupan a los expertos

Más allá del golpe publicitario, los riesgos que señala EHE están documentados. Los nuevos modelos de Meta graban video continuo hasta por tres minutos —frente a los 30 segundos originales de 2021— y, según Financial Times, captan audio y fotos sin que el diminuto LED de grabación resulte claramente visible; existía incluso un mercado informal de accesorios para ocultarlo, hasta que Meta activó, el 7 de julio, una actualización que apaga la cámara si esa luz es manipulada. En 2024, investigadores de Harvard demostraron con el proyecto I-XRAY que cruzar el video de unas Ray-Ban Meta con reconocimiento facial y bases de datos públicas permite obtener en segundos el nombre y la dirección de un desconocido. Especialistas en violencia doméstica advierten que esa función facilita el acoso, y creadores del "manosphere" ya usan las gafas para filmar mujeres sin su consentimiento.

Las reacciones: de Meta al escenario de un festival

Meta no respondió puntualmente a la intervención de EHE, aunque sí defendió el producto en general. Según su vocera Dina El-Kassaby, la prioridad es que usuarios y personas alrededor confíen en el dispositivo, pues "construimos la privacidad desde la base". EHE fue más directo: preguntó por qué, en lugar de financiar la cura del cáncer, los multimillonarios prefieren "financiar gafas para pervertidos", y acusó a Meta de vigilar a los usuarios en internet durante años y de buscar ahora hacerlo también en el espacio físico. La cantante Lorde se sumó a las críticas en el festival Mad Cool de Madrid, en un escenario patrocinado por Ray-Ban Meta, pidiendo al público que no comprara el producto. Además, demandas en Estados Unidos y una carta del Senado cuestionan cómo Meta usa ese material.

Publicidad exterior, activismo y la nueva batalla por la atención

¿Es esta una nueva forma de activismo digital? En rigor, no: el subvertising existe desde los ochenta, de Adbusters a Banksy. Lo novedoso es que EHE aplica esa tradición analógica —tinta, plástico, sin código de por medio— a una polémica sobre inteligencia artificial, y deja que la lógica viral de las redes multiplique su alcance mucho más allá de esa parada de autobús. El gesto también dice algo sobre la publicidad exterior en la era de la IA: mientras lo digital se filtra con bloqueadores, un cartel físico sigue siendo ineludible. Y ahí está la tensión de fondo: la innovación avanza más rápido que cualquier marco legal de privacidad, y activistas, legisladores y hasta artistas coinciden en un mismo reclamo: el consentimiento no debería ser opcional.

Una vigilancia que ya no pide permiso

Lo que deja "We’re Always Watching" no es solo una anécdota londinense: es una pista sobre hacia dónde va la vigilancia cotidiana y quién se anima a nombrarla en voz alta. Mientras la ley siga corriendo detrás de la tecnología wearable, serán más intervenciones como esta —y no los tribunales— las que obliguen, literalmente, a mirar dos veces.